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FISICOMED

lunes, 22 de junio de 2015

IV ULTRA TRAIL SIERRAS DEL BANDOLERO 2015 150KM (13-3-2015)


Mi I Ultra Trail Sierras del Bandolero.


150 km que se llaman para mí 35:01:28. Esta locura vino promovida bien por la envida o masoquismo mío de las vivencias que tuvieron, Juanma y Pakoki en la edición anterior UTSB 2014. Me dije: «Este debe ser un buen sitio para medirse y sufrir». Así ha sido. He sufrido... Yo, me lo he buscado.








Como todos sabéis mis entrenamientos son escasitos; además, que en esta época tengo más trabajo y por lo tanto menos tiempo. Se han reducido a un poco de spinning, algunas salidas los martes con Pedro Merinas y los domingos, algo de campo. Mi bici de MTB está "muerta de risa" dese hace meses tan solo la semana previa a Bandoleros monte la flaca para hacer 90 km de carretera.








Dicho lo anterior mis condiciones físicas para afrontar el reto "mejor las dejamos"... Cada viernes previo a la carrera me decía si fuese hoy el día no tendría fuerzas para hacer ni 10 km... «¿Cómo voy a hacer los 150?». Madre mía... Me canso nada más que de pensarlo. Hasta que me dije: «¡¡¡Basta!!!»... Yo me he apuntado a esto voluntariamente. «Haz lo que puedas y como quieras, pero tienes que acabar; si no corres anda, anda y anda, y si no, arrástrate hasta que te echen.»




Una vez superado el miedo, todo ha sido mucho fácil, no había nada en mi cabeza distinto que no fuese terminar fuese como fuese y en las condiciones que fuesen. Mi idea de siempre era afrontar este reto solo. Hoy estoy más convencido que solo hubiese sufrido menos, o quizás no la hubiese terminado por la asfixia de exigirme un ritmo más rápido y con menos paradas en avituallamientos.







Con esta vivencia, ya sé que una ultra de estas características es para hacerla solo... Está bien la compañía, pero «o limitas o te limitan». Lo mejor es que la propia carrera te ponga compañeros de camino del mismo ritmo por momentos. Sé que el compañerismo es bonito, pero ¿a qué vamos a un ultra? Otra cosa bien distinta es que desde meses atrás tu idea sea hacer un equipo. Entonces todas las prioridades deben de cambiar y luchar por la integridad del mismo equipo finisher.

 

Resumiendo la carrera...

El día 6, como un día normal me levanto a las 4:52 para ir a trabajar, me visto y a eso que me dice Ana: «Javier, ¿no estas nervioso?», Le sonrió y le digo que: «"No. Si me tienen que pegar un tiro que mejor me lo den con una sonrisa». Creo que es la primera vez que he ido a una carrera sin miedo y tan alegre, sin decirme en el transcurso de ella: «¿Qué hago aquí?», ni las tonterías normales que te pueden pasar por la cabeza en una popular de 5 km. Llego a La Carlota; estoy trabajado hasta las 12; me despido de mi hermano y de mis padres; cojo el coche dirección a Prado del Rey, donde en el trayecto, coincido con más Kabras y Cordubas...


Llegamos allí; aparcamos; cogemos suelo duro; y directo a coger el dorsal. Recogiendo el dorsal, Alfredo me pregunta: «¿Cuál era mi idea de tiempo?», y le dije que: «No tenía tiempo marcado; sólo, terminarla». Él me propone 30 horas... Me pareció razonable, si yo me viese bien en la carrera. Le digo que es posible. A eso, que Dani llega y nos dice que faltan Juanma y Paqui. ¿Si podemos formar equipo de 4? Nos miramos Alfredo y yo. No fuimos capaces de negarnos, aunque nuestra idea inicial fuese ir de independientes y cada uno a su aire en carrera.





Una vez formado el equipo con Rafael PriegoDaniel Santiago, Alfredo Laguna y yo, nos vamos a comer los macarrones hechos por el padre de Alberto: "ricos-ricos", y nos preparamos hasta la hora de salida, donde nos hacemos las respectivas fotos, saludamos y vemos a más amigos.

Listo. Es la hora¡¡

A las 18:10 suena el trabuco. Empezamos a correr por el pueblo. Parece que voy algo rápido con Alfredo. Nos reagrupamos con Rafa y Dani. Vamos a un ritmo tranquilo. Le digo a Luis Aitara que tire lo que pueda con Alberto y Rubén, que ya nos encontraremos por el camino.








Conforme pasa el tiempo nos van adelantando corredores, y nos hacemos más lentos. Pasamos varios avituallamientos. Se hace de noche. Estamos muy pegados para no intentar bajar mucho el ritmo. En ese momento nos ponemos el nombre de equipo: «POLLITOS», para preguntarnos cuándo nos distanciábamos demasiado. 

En el puerto del Boyar ya estaba claro que a Rafalín le pasaba algo. Le di una barrita de asimilación rápida que te pega un chute de 15 minutos eufórico y como si nada. Estaba como mareado, sin fuerzas se me iba para los lados. Llegó un momento que nos pasó Paecito y por un instante mi moral se vino abajo. Llegamos como pudimos hasta Villaluenga del Rosario, donde Rafalín decidió abandonar. Una pena, pero muy acertado porque se podría haber hecho daño en cualquier caída. 

Una vez en la marcha salimos Dani, Paecito, Alfredo y yo, y esta vez se quedaba atrás Dani, esperando a Israel. Dani nos dijo en ocasiones que tirásemos para adelante, que nos veía algo más fuertes. Así que me entró el miedo de que nos echaran por no pasar el corte de Ronda. Sin decir nada, en una tirada de Alfredo dejamos atrás a Dani. Me supo cómo si lo fuésemos abandonado...

Pero mi objetivo era terminar como sea esta prueba. Cuando asimilé que ya no íbamos en equipo, sino por libre, le dije a Alfredo que ya teníamos que hacer lo que estuviera en nuestras manos para recuperar tiempo, que mientras no me petaran las pulsaciones que conmigo tenia para rato. No lo conocía, nunca habíamos corrido juntos. No sabía cuáles eran mis limitaciones ni las suyas. 




Vamos trotando cada vez más y cada vez más, y el tío no se queja, con lo que llegamos al punto de correr y correr y trotar y andar rápido para arriba, con un frío por el refugio de los Llanos de Líbar,  de cine. Eso sí, la noche, con luna llena despejada. Conforme pasaban los Km, adelantábamos a corredores, pero a un ritmo que parecíamos una apisonadora. Parecía que estábamos desfogando toda la velocidad y toda la rabia que no gastamos en los primeros 30 Km. 




Creo que en todo el tramo de carrera desde Villaluenga hasta Grazalema fuimos recortando puestos. No nos adelantaba nadie. Sólo pasar y pasar a corredores a un ritmo aplastante que desmoralizaría a cualquiera. Cada vez que presentía el eco entre las montañas gritaba fuerte «¡¡¡Polliitooooo!!!», por si lo escuchaba Dani, y así supiese que no estábamos lejos.






Llegamos a Ronda, supongo que bien, yo, por lo menos, eufórico. No me sentía para nada cansado y por mí, picaba el pasaporte y me iba. Alfredo decidió ducharse. Allí nos encontramos a Rubén, a Alberto y a Luis. Estaban a punto de salir. Salieron Rubén y Alberto. Llego Fátima y Betsy que nos dieron de todo lo que necesitábamos, hasta "oxígeno puro" 





A los 30 minutos, Luis, Alfredo y yo, salimos de Ronda. Le explicamos a Luis, nuestra técnica de carrera, que: «Nosotros, corremos para abajo, trotamos en llano y subimos andando rápido». No es lo mismo sincronizar a dos que a tres personas, pero vamos "tirando"... A pocos Km, Luis empieza con molestias y dolores fuertes. No se queja, pero se le ve en la cara y en el andar. Le doy una pastilla de Voltarén, y a los 10 min vuelve a funcionar como si nada.





Empezamos a coger el ritmo de la noche; de correr y correr. Llegamos a Benaoján. Allí esta Betsy y Fátima. Nos dicen que estamos cerca de Alberto y de Rubén, así que: avituallamiento "cortito" y seguimos la marcha por este tramo. No sé cómo, pero le dio una pequeña pájara a Alfredo, de la cuál se recuperó rápido. En Jimera de Líbar, le consigo una cerveza gracias a una voluntaria simpática y Alfredo, "vuelve a sonreir". Luis está con sus molestias, con sus sales de magnesio y yo, "esperando" para reanudar. 


Salimos con Luis con sus molestias. Es uno de los tramos más bonitos, que trascurre cerca de un río con pozas. Vamos Alfredo y yo disfrutando del paisaje, y Luis se iba reponiendo. Cada vez, empezamos a trotar más y mejor, hasta el punto de que disfrutaba corriendo, todo en silencio y sólo se escuchaba a la misma vez el trote de los tres... ¡Un gustazo... un reloj suizo!... ¡Ni el mejor escuadrón estaba tan sincronizado! ¡Un buen recuerdo!...





Apretamos hasta llegar a un mini-avituallamiento de agua antes de Cortes de la Frontera, dónde, en esa subidaka, me llegó a mí el turno. Me dio una pájara, creo que por la calor y el sol... Me costó subir, y me quedé atrás por primera vez. Alfredo se entretenía de charla con un portugués que aparecía como retirado. Una vez en el pueblo, cerveza para Alfredo y un Monster para Luis. 


Llegamos al avituallamiento y no pude comer nada. Sólo Coca-Cola. Todo me daba arcadas. Menos mal, que estábamos a la sombra. Salimos de allí y ya me incorporé, como si nada... Me vine otra vez arriba, de energía y de fuerzas, y Luis seguía resintiéndose de sus dolores... Así que, otro Voltarén que le facilité. 


Todo este camino era de piedras y piedras, tanto la subida como las bajadas, donde Alfredo disfrutaba como un enano y yo grabando. Y yo intentaba seguirle. Hicimos bajadas guapas, guapas, y a ritmito. Después esperábamos a Luis que se reenganchara en un tramo de llanura y trotábamos.


Alcanzamos a Rubén y Alberto. Se presagiaba lo peor para ellos. Una pena para dos que son Grandes personas y forman un Gran Equipo. Otra vez espero que tengan mejor suerte. Pero, para mí, fueron igual de finisher que todos los demás; fueron unos sufridores. 


Seguimos con nuestro trote que cada vez iba a más. Charlamos un rato con una chica de Ceuta, que no vean que fuerza tenía; y estamos de subidón... Nos faltan menos de 40 Km. Cada vez que hay bajada, Luis, se nos queda un "pelín" atrás; hasta que llegamos -por fin- a Villaluenga, y tenemos un magnifico recibimiento de Rafa, Esther y de nuestras incondicionales seguidoras: Betsy y Fátima.




Luis les va pidiendo lo que necesitaba para que nos lo llevasen al avituallamiento.  Yo, estaba súper-bien, súper-feliz, hablando por el móvil con Ana, enviando fotos a los grupos... Vamos,  como si no llevase 111 km encima... Cojo mi bolsa, repongo mis isotónicos y se la entrego a las chicas para no tener que cogerla en meta. Espero tomando Coca-cola a que estén listos Luis y Afredo, y salimos...


Esto está terminado... pienso yo… Salimos del pueblo y a subir... Y venga a aparecer piedras por el camino... Cuando estamos en la cima, mi móvil sonando. Es mi Madre; le cuento si no sabe que estoy corriendo esta carrera tan larga, y le digo: «Me pillas corriendo. En dos horas termino y me acuesto». Cuelgo, y empezamos a bajar... Y en cada bajada ups, ups, ups... 


No sé qué me pasa; me pinchan los talones... Vienen corredores de la corta y les vamos dejando pasar... Y más bajada... y más piedras, y más ups ups, ups...  ¿Qué serán estos pinchazos en los talones? Estábamos retrasando a Alfredo, tanto yo como Luis por igual. Luis se sentía más dolorido y solo me quedaba un Voltarén, el cuál le di.




Seguimos a ritmo no tan ligero intentando trotar de puntillas hasta Grazalema. Allí Luis dijo que ya le hacía efecto el fármaco. Reanudamos la marcha, pero ya no teníamos la misma fortaleza que Alfredo. Vamos a la retranca: bien, en subida, y mal, en la bajada, con las dichosas piedras. 


Cuando se acercaban corredores les preguntábamos: «Larga o corta?…», para hacerles un poco de dificultad o tener un poco de charla hasta que nos pasaran, hasta que, por suerte, aparecieron Kanijo y José Antonio Escribano... ¡¡Qué gran alegría!! Fue la excusa idónea para que Alfredo se marchara con ellos... De lo cuál me alegro porque ya, éramos un lastre y estábamos retrasándolo mucho.


Con nuestras quejas y un ritmo más cómodo corriendo de puntillas y cargando más mi tobillo, llegamos a Benamahoma... ¡¡¡Qué lejos estaba el avituallamiento!!! Me propuse quitarme las zapatilla para ver que eran esos pinchazos y me digo: «Me las cambiaré por unas de suela más dura. Sólo quedan 26 Km. No sé si fue el pueblo o qué, pero empecé a coger frío en el cuerpo.




Cuando llegué al avituallamiento tenia mala cara. Le pedí a Betsy y a Fátima mi bolsa, para coger las zapatillas. Me tumbé en suelo pero no podía ya ni moverme. Así que, con la ayuda de ambas, me quite las zapatillas y los calcetines… «¡¡¡Hostias…!!! ¡¿Qué hay ahí?!... Dos bolas blancas en los talones y en la planta del pie… Eran ampollas, nunca las había tenido, ni las había visto tan grandes.


Fátima me echa agua, me ayuda a ponerme los calcetines y a calzarme las zapatillas. Me pongo de pie….. ¡¡uy, uy!! Me pongo de pie y... ¿dónde está el baño? Voy para el baño, entro, y cabezazo de mareo contra la pared del lavabo... ¡¡uy, uy!!, que me caigo, arcadas de vomito con tos... Empiezo a soltar algo gris amarillo verdoso, y no soy capaz de levantar la cabeza... Me digo: «¡Ay qué malo estoy!» Me voy en busca de los demás y pido un medico. No me encuentro nada nada bien. 




A los pocos segundos, digo que ya no quiero que me vea el médico; que ya estoy bien... No era verdad. Sé que estoy muy mal y como me vea el médico me puede decir que no estoy para continuar. No puedo asumir ese riesgo, pero es que no me mantengo en pie... La cabeza me da vueltas... Me mareo... Así que no me queda otra que usar mis bastones para mantenerme de pie. 


Me puse doble camiseta, cortavientos y chubasquero además del buff. Yo no soy nada friolero pero ahí me caló el frío en el cuerpo de malo que estaba. Perdía mucha calor, me enfrié tanto que los músculos se quedaron rígidos y ya era un pato andando como si tuviera agujetas, mi mayor miedo era el ¿qué me habría pasado en la cabeza?, porque esos mareos , esos desmayos... 


Bueno, «Llego como sea», me digo, «Me quedan 10 horas para que me echen y 26 km se tienen que hacer de alguna manera». Luis me está esperando. Tengo muy claro, que esta situación de malestar, no era pasajera. Incluso, le pido a Betsy si me pueden buscar un hotel donde dormir. Le digo a Luis que tire para adelante, que voy a ir muy lento... Pero se queda conmigo, a mi ritmo, observando cómo uso los bastones, bajando escaleras, cruzando los puentes y ríos...


Hacemos 7 km hasta El Bosque en casi 2 horas... Los pies, no es que no los sintiera, es que los tenía como si me los hubieran cortado y corriera con muñones con unos dolores infernales. Yo, ya sin diclofenaco, lentos-lentos, pero lo peor estaba al caer. No paramos ni un minuto en el avituallamiento de El Bosque. Desde la puerta picamos... 


Nos faltaban 11-12 Km... ¡¡¡Qué largos que se hicieron!!!  3 horas, por un camino cercano a un río, con frío...  Me iba para los lados, según Luis. Decía que me dormía, pero la verdad es que estaba mareado... Por el camino, le agradezco el que estuviera conmigo, porque le estaba retrasando bastantes horas. 





Pasados unos km, ya en un llano donde pretendía intentar hacer algo de trote, le digo que me tengo que parar; que tengo unos chinitos en la zapatilla y me producen molestias... Haciendo maravillas me quito la zapatilla y veo que tengo dos puñeteras "pastillas" en la planta del pie... 
Así de dolorido iba, que ni sentía las pastillas dentro del zapato... 


Reanudamos la marcha... cada vez más lentos, y cada vez nos pasan más corredores... Escucho a lo lejos a las gritonas de Clemen y Mónica, y digo en voz muy apagada «Clemen»... Me dicen: «¿¿¿ Javi ???»... Yo creo que ni me reconocían del mal cuerpo y la presencia que llevaba. Siguen su camino... y nosotros, el nuestro... 




Una hora más tarde conseguimos llegar al pueblo, vienen en nuestra busca Fátima y Betsy, nuestros grandes soportes logísticos en carrera. Se nos hace más ameno el km que falta hasta meta pero yo no soy capaz de subir el ritmo ni pude trotar entrando en la alfombra de meta. Ahí se quedaban las 35 horas.





Recojo mi diploma, mi chaqueta y mi medalla y digo de que me vea un médico que me encuentro mal de cabeza pies y tobillo, tocamos la puerta de la ambulancia y estaría dormido el ATS, nos abre con mala cara y nos dice que no tiene nada que se le ha acabado la caja de paracetamol? 





A regañadientes, me ve el tobillo hinchado y después de insistirle, me lo venda... Un servicio penoso por parte de este ATS. Me voy a recoger mis cosas al polideportivo... Prefiero dormir en mi coche con la calefacción, Me duermo del tirón y a eso de las 9:30 recibo la llamada de Paecito preguntándome que: «¿Dónde está el pueblo?; que está en una cancela y que no ve señales para seguir la carrera»... Le indico más o menos con el dolor de cabeza que tenía y me voy preparando para ir al cierre de carrera que es a las 10:00. 







Me voy acercando a meta, y veo a lo lejos a Dani... ¡¡Me siento emocionado y rabioso por no verlo junto a mí, finisher!!; porque sufrió como el que más, pero, como él dice, a veces toca perder... Veo cómo entran en grupo los 4 Pretorianos en el último minuto... ¡¡Eso es compañerismo!! Me siento impotente al pensar que podría haber hecho algo que estuviera en mi mano para vernos todos los que salimos juntos finisher de la prueba.

Mis felicitaciones a todas aquellas Kabras, que de buen corazón han mirado por el bienestar de todos, y nos han asistido, aunque fuese con una sonrisa, a los corredores. 






Mi más sincero agradecimiento a Fátima Luque y Betsy Espinosa que nos han permitido hacer una carrera mucho más cómoda.



De Alfredo Laguna sólo puedo decir que es un tipo duro. Difícil sacarle alguna queja... Sabe apretar los dientes y tirar hacia adelante sin rechistar,...






De Luis Aitara, que es un máquina que no sé cómo no le reventó el estómago con tanto fármaco. Y que no me permitió que pasase mi agonía solo... Gracias.


Agradezco a todos los amigos y compañeros de Atletismo Santa RosaPeña KurtubaTeamC.D. Kabras Lokas Trail Kórdoba que, bien por privado, o en grupos, o en persona, me apoyaron y estuvieron corriendo conmigo.



Agradecer a Ana Belén Muñoz el apoyarme y aguantarme estos fines de semana que he estado algo ausente y pensando en hacer algún deporte.






Y a mis sobrinos, que en la distancia me seguían on-line. Últimos mensajes de whatsapp: 00:30 : «No te queda nada!!! Venga, vamos tito!!!» 00:59 : «Buenas noches y ya sabes, a terminar bien y a descansar y a asimilar lo que has hecho hoy desde el viernes hasta el domingo»... Los pobres no sabían que estaba pasando las de Caín enlos últimos km

JAVIER URBANO.

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