Logo Trefilados

Logo Ofisur

FISICOMED

viernes, 19 de junio de 2015

TRES IRONMANES SE RETAN ANTE EL U.T. BOSKES DEL SUR (29-9-2014)




La realidad era, "que no lo tenía claro"...
No tenía nada claro que terminaría el “ULTRATRAIL BOSQUES DEL SUR”.

    
Después de terminar Zurich, me pegó un bajón considerable, pocas ganas de entrenar y una lesión en la planta del pie que no me dejaba correr. El Traumel, -pinchado-, me permitía hacer alguna tirada larga (no más de 2h). Sólo Juanma y yo, sabemos que íbamos muy escasos de entrenamiento, sabíamos que sufriríamos mucho, pero el RETO estaba lanzado y nunca retrocederíamos.


Dos amigos inseparables, kon muchos tipos de pruebas a sus espaldas, komo triatlones y de ciklismo por etapas komo la Andalucia Bike Race y la Vuelta a Andalucia MTB. Ahora les kuedaba medirse en un ultratrail, y aunke han sufrido, también lo han puesto en el sitio ke le korresponde: a sus pies.



Volver a Cazorla fue un cúmulo de sensaciones difíciles de describir. El día anterior a la carrera fue estresante... ¿Cómo pueden hacer falta tantas cosas para una carrera? Primera sorpresa, Juanma Toledo, "lo llevaba todo", un gran logro para él.


La salida, fue mágica, atravesando Cazorla por un túnel con un arroyo de agua transparente. Nunca abandonamos esa magia durante la carrera. 

Primera gran subida, y las piernas las sentía poderosas y el espíritu y la mente inquebrantables... Había que terminar, sólo hubiera costado más, pero Juanma y yo juntos, dos gladiadores, podríamos con todo.

A las 3 de la tarde, ya habían abandonado 30 personas. La verdad, es que íbamos reteniendo, dosificando y asombrados de cómo íbamos, con una sensación de fortaleza que no sé describirla. Hasta el Km 62, no paramos de adelantar a otros valientes («porque afrontar una carrera así, es de serlo»)... 

Llegamos al Refugio de las Banderillas entre los 50 primeros, y allí, encontramos "el paraíso": jamón, queso, salchichón… ¡De todo! Estábamos a 1700 m, sin parar de llover y con frío; ¡teníamos mucha hambre! Después de saciarnos de una manera muy primitiva y de cambiarnos de ropa, continuamos nuestro camino. Eran las 7 de la tarde; pronto, se haría de noche. 

Conocimos a Marcel y Xavi, dos valencianos con los que hicimos gran parte del camino. Después de una bajada vertiginosa, ya de noche, encaminamos dirección  Coto Ríos. Allí, fue dónde nos perdimos por primera vez. Ese no fue el problema, lo peor fue descubrir que mi maltrecho estómago no toleraba la copiosa comida a base de salchichón del último avituallamiento. Era el Km 70, y ya no volví a probar bocado hasta la meta. Era el principio de lo que nos esperaba.

En el Km 90, después del avituallamiento de la Torre del Vinagre (sólo pude tomar un café), empezamos la subida al Puerto de las Palomas, 13 Km de subida, que nos acabó de rematar. Hasta el Km 90, íbamos muy bien... A partir de aquí, nos pegó un bajón tanto físico como psicológico (Juanma paró hasta seis veces "a hacer sus cositas")... «Suerte que nuestra mente es poderosa e inquebrantable y todos los pormenores fueron anulados».

Poco a poco, paso a paso, entre las estrellas y los ruidos de los animales en una noche cerrada, llegamos al Km 110. Sólo quedaban 15 Km: «¡Ya estamos ahí, Juanma!, ¡lo tenemos!»... Fueron los peores 15 Km de mi vida. ¡Nunca he sufrido tanto! Subidas y bajadas técnicas, y las piernas sin fuerzas, vacías. 

El amanecer nos sorprendió y fue el mejor momento de la carrera, me senté a contemplarlo y suspiré... ¡ya estaba conseguido! Pero estaba equivocado, cuando quedaban 5 km y ya nos abrazamos, fue cuándo nos equivocamos por segunda vez y volvimos a encaminarnos "hacia el pico Gilillo"... ¡¡¡No podía ser!!! Juanma gritó y volvió a gritar; yo estuve a punto de derrumbarme, y lloré, habíamos hecho casi 10 km más, y yo ya no podía ni andar. No sé ¿de dónde sacamos las fuerzas?... Nos miramos, nos abrazamos y dijimos «Venga, ¿qué más da 10 km más que menos?». Llegamos a meta con 24h 40min, y 15 Km más. 


El konseguir la medalla y el chaleko de Finisher, estaba kasi kantado... kasi, porke había 125 km de por medio, ke había ke patear siguiendo balizas no muy visibles en la noche ke provocaron algún ke otro lamentable despiste, ke hicieron ke los 125 km se kedasen bastante kortos.


Al cruzar nos miramos, nos abrazamos de nuevo y nos sentamos, habíamos llegado. Sencillamente BRUTAL. Éramos conscientes de lo que habíamos hecho. Tanto él como yo, hemos realizado unas pocas burradas deportivas, pero .esto es otra historia, una historia que sólo el que la ha hecho sabe lo que es.


«El atleta más fuerte no es el que llega antes a la meta, ése es el más rápido. El más fuerte es el que cada vez que se cae, se levanta. El que cuando siente el dolor en el costado, no se para. El que cuando ve la meta, aunque llegue el último, se siente un ganador. A veces, aunque quieras, no está en tus manos ser el más rápido, porque tus piernas no son tan largas o tus pulmones son más estrechos. Pero siempre puedes elegir ser el más fuerte. Sólo depende de ti, de tu voluntad y de tu esfuerzo. Yo no pido, ni quiero, ser el más rápido, pero sí entreno para ser fuerte y llegar siempre a la meta.»


JuanMa Toledo, un auténtiko deportista, kon gestas a su espalda komo kruzar el estrecho de Gibraltar entero a nado y sin neopreno. Existen pokos deportistas-bomberos tan kapacitados komo él para todo tipo de retos imposibles.


Juanma y yo, somos GLADIADORES, luchamos en cada batalla y ganamos si llegamos a meta. Así, somos felices y esa es nuestra filosofía. Bien es cierto, que cada vez quedamos mejor en las clasificaciones, y nos gusta, pero nuestra esencia es "la lucha", llegar y sentirnos satisfechos por lograr cada objetivo, el resto es secundario.

JUAN JOSÉ GALLEGO.



 Papi, es más viejo y tiene más tiros pegados.  Un trail de 125 ya no le kita el sueño, sobre todo si tiene una gran kantidad de pista komo éste. Pero para Juanjo, era un gran reto, inkluso, en su opinión, mucho más duro ke un ironman, ke en Zurich akabó en menos de 14 horas. Aquí, después de 24 horas, aún estaba sorteando las piedras húmedas ke serpenteando el Cerezuela daban acceso a la meta en Kazorla.


Ser un ironman, no es una etiqueta que te proteja ante nada. Simplemente, te dice que sabes nadar, y hacerlo de modo ininterrumpido durante 4 kilómetros; que sabes montar en bici, y someterte al recorrido que te regalen los organizadores durante 180 km; y que tienes las piernas lo suficientemente curtidas para reponerte de los "andares de pato" que te suponen el haber estado de 4 a 8 horas montado en una bici, y correr una maratón de postre.

Pero esa etiqueta, te dura sólo el tiempo que te lleva el recorrer la alfombra y cruzar el arco de finisher. Acto seguido, tienes que volver a las andadas y al entrenamiento, para seguir demostrando que sigues llevando la etiqueta ante el próximo embate. Que un día hayas sido "duro", no significa que, en cualquier momento, no te vayas a "tumbar a la bartola" y convertirte en una bola de grasa o en un amante del soffing y del zapping. O sea, en un "ironmierda".



Tres kabras ironmanes, preparados para asumir la aventura de dar la vuelta a todo el Parke natural de Kazorla por el GR-247.

 
Con JuanMa Toledo, coincidí sin conocernos en el Triatlón Iberman de Huelva, y Juanjo se ha hecho hace poco el de Zurich, siendo ya kabra.

De modo casual, hemos coincidido los tres en Cazorla. Cada uno tiene su agenda deportiva y sus citas que le molan, pero en este primer U.T.B.S., en un enclave donde uno ha trabajado de biólogo y otro de bombero, y a mí, que me encanta ese parque natural y todo lo que se llame ultratrail, tenía tarde o temprano que producirse, la confluencia de retos.
 
La retirada de dorsales fue un auténtico agobio. Salimos muy tarde, íbamos sin el equipo preparado, y uno de los tres, sin el certificado médico que exige ahora la FAM para este tipo de pruebas, y resulta, que sin todos los requisitos y material obligatorio, no te entregaban el dorsal. Así, que a rebuscar en todas las maletas, todo lo necesario para que te diesen tu "pasaporte". Lo bueno, es que gracias al requisito, nos dejaron ya toda la mochila preparada desde la noche anterior con todo el material obligatorio dentro.
 
Nos alojamos en el Albergue, donde desayunamos estupendamente, y con nuestra bolsa para el punto intermedio, nos fuimos al arco de salida. La noche anterior es posible que cenase demasiado. O tal vez me pasé un poco en el desayuno. Lo cierto es que me encontraba pesado; y me dolían muchísimo los pies antes de empezar, y era un enigma el resultado de unas zapatillas como las Salomon Speedcross 3, con un talón muy alto y que no tienen ninguna protección en los metatarsos, y todos los tacos, cada vez que pisas una piedra, actúan como arietes contra tus maltratados huesecillos del antepié. Me decía a mí mismo, «¿Cómo puedo empezar un ultratrail en estas condiciones, si me duele hasta el andar? Yo tenía que quedarme en la salida y no exponerme a sufrir lo indecible con ese dolor en las plantas.». 
 
Pero la decisión estaba tomada. Quería unas zapatillas que me retuviesen en las pendientes resbaladizas y no me dejasen tirado por el suelo cada 2x3, como en la Ehunmilak. Así que a base de diclofenaco, me dispongo a escuchar el disparo de salida. 

JuanJo y JuanMa Toledo, habían decidido ir juntos, pero yo no tenía ni idea cuál sería mi desempeño. Podría acompañarles los primeros Km, pero en mi estado, seguramente, no duraría mucho, porque ellos son unos mákinas. Ni idea, de cómo se desarrollaría la carrera. 

Les veo ya irse en los primeros 100 metros, callejeando Cazorla, y yo que me quedo... «Debo hacer un esfuerzo, tratar de pegarme a ellos y compartir el camino con mis amigos el mayor tiempo posible». Trato de acelerar y contactar con ellos, y no sé como, pero el antiinflamatorio que me había tomado hora y media antes, parece que empieza a hacer efectos en mis plantas, así que lo consigo y bordeamos juntos la iglesia de Santa María. Parece que voy bien. ¡Puedo estar con ellos! Guay!!!



 La entrada a la Galería románika.




 
Salimos por una galería románica preciosa que hay bajo Cazorla, que yo no conocía, largúisima, con el arroyo cruzando bajo nuestros pies y nosotros en una plataforma de hierro pegada en una de sus paredes. Alucinante. Para mí, lo mejor de la carrera. Al poco de salir, ya estaba impactado. 


La galería de bóveda romanika, kon una konservación impresionante.






Y comenzamos el ascenso del Pico Gilillo. Veo que aunque no me dolían ya tanto los pies, el estómago pesado sí que me dejaba lerdo, y cuando pegaban un acelerón, me costaba cogerles.




JuanMa Toledo tiene que parar, porque le entran piedrecillas en las zapatillas, y yo les digo que voy a tirar hacia delante para ganarles unos metros antes de que me alcanzasen a su ritmo. Ahí, se produce el milagro. Debí pensar que por mucho que avanzase me iban a coger seguro; pero... la cuesta se come la pesadez de mi estómago, y mis pies empiezan a trotar cada vez más a gusto. Ya no volvería a ver más a Juanjo ni a JuanMa hasta el final de la carrera. 

El cómo se transforma una sensación de malestar indescifrable en un torrente de energía que va de menos a más, y que me hizo ser capaz de estar trotando las 18 horas que me restaban para llegar a meta, es algo que no puedo explicarlo. Ocurrió, como me ha ocurrido otras veces, en el trail de la Sierra Norte de Sevilla o en el GTP de Peñalara. Debe ser "el flujo" o los biorritmos, o qué se yo. 

A nadie puedo engañar con mis capacidades. Peso demasiado, soy endomórfico, no soy ninguna mákina y tengo los cartílagos de mis rodillas ya muy desgastados, a mis 53 años... Así que, no se tienen que preocupar Kilian Jornet, ni Luis Alberto Hernando, que Papi, no va a robarles ningún podio... Y cada año que pase, menos... 

Pero es divertido jugar al "gato y los ratones". Desde que a JuanMa Toledo, le entraron las piedras en la zapatilla, yo me convertí en "gato", y todos los traileros que iban delante mía, se convirtieron en "ratones". Y así empezó una despiadada cacería que me llevó desde más abajo del 160 (más o menos) hasta terminar el 28º de la general. 



Nada máskconseguir un reto, se celebra, se disfruta, y akto seguido, se le da la espalda... La vida no se keda en ese reto. Ha sido un hito en el kamino, pero ke te krea un kambio de rumbo hacia otro ke te llama ya muchísimo más la atención. Si siempre repites el mismo, te kedas enkasillado en una manía o en una obsesión. Y si dejas de proponerte nuevas metas y nuevos retos, estás akabado, esperando la muerte, komo Penélope en la estación...


Me entraron unas ganas de trotar en cuesta que no eran normales. Donde casi todos los ratones se ponían a andar, a Papi le salía sólo el instinto del trote, no muy rápido, ni de "vídeo de Kilian", pero que, poco a poco, iba metiendo ratones en la saka. En las pendientes, tenía que pagar los tributos. Muchos ratones me ponían en mi sitio, porque bajaban mejor que yo en los tramos técnicos, y en las bajadas en  pista, muchísimo más rápido... (claro, a ellos no les dolían las rodillas como a mí). Pero Papi era paciente... Nada más llegar a la primera cuesta, todos, apagaban el motor y se ponían a andar... Llegaba Papi con el diesel, y se los merendaba de nuevo, apretando todavía un poco más, para perder de vista para siempre a algunos ratones de la cola. Y así fueron cayendo, uno a uno, más de 130 ratones. Ratonas, había muy poquitas, y me quedaron sólo dos makinorras por comerme: Noelia Camacho, que me sacó más de 3 horas, y Esther Sánchez, una murciana muy simpática, una media hora. 




El vadeo del Cerezuela, kon sus típicos  puentes en "V invertida", kue tuvimos kue hacer a la salida y a la llegada; al principio, kon los senderos sekos y luego, tras 10 horas de lluvia débil, kon todas las piedras y los senderos empapados,




Cada vez que me comía un ratón, me llenaba de moral el ver en el horizonte otro ratón delante mía. Y si en lugar de un ratón, había 2, 3 ó 4 que marchaban juntos, mi corazón y mi estómago se ensanchaban para comérmelos a todos. El más gracioso, el último. Iba tan tranquilo, vadeando el Cerezuela, pero cuando vio la luz de mi frontal, empezó a correr como caballo desbocado, y yo detrás de él como depredador hambriento, jugándonos los dos la vida por los puentes en "V invertida" y las piedras húmedas, pues había estado lloviendo casi toda la mañana hasta las 6-7 de la tarde. Cuando el ratón llegó a las calles de Cazorla, me acordé de que yo estaba fatigado de tanto trotar, y muy cerca ya de la meta y que un ratón más o menos ya me daba igual. Así que lo dejé escapar. ¡¡¡Cuán magnánimo que soy!!!

Si me hubieran dado 30 km más, me los hubiera comido a casi todos. ¡¡¡Jejejejé!!!
Que me perdonen todos los corredores de trail, por tratarlos como ratones. Ellos no son ratones sino personas encantadoras, y con los que tuve, antes de darles el mordisco definitivo, maravillosas aunque fugaces conversaciones, pues llevaba en mis entrañas ese instinto depredador. A todos les dije mi más sincero «¡¡¡Ánimo, que ya estamos casi acabados!!!», antes de devorarlos.

Tal vez sea un jueguecito, pero no llevaba auriculares, sufrí la soledad del depredador que siempre va con prisa durante 18 horas, y disfrutaba matando. No tenía ningún objetivo preconcebido de ganar la carrera ni de subirme a un podio. Sólo quería "comer ratones". Y sólo por ese hecho y ese deseo, mi motor se mantenía incansable y a pleno rendimiento.

 
El trofeo es sólo un "Pongo", ke vete a saber ¿dónde lo "pongo" yo ahora en kasa?. Pero lo realmente bueno de la karrera fueron los lances, komo el kue nada más ver una presa, mi kuerpo, se regeneraba y se desprendía del kansancio para konseguir ese miniobjetivo transitorio ke me llevase a la meta, "sin apenas darme kuenta", y lamentando inkluso, ke esta aventura se akabase.


Al final, veía que el juego no era tanto juego, y que me estaba dando resultados, y cada vez que llegaba a un control acabé preguntando por mi puesto, cosa que no había hecho hasta ahora en ninguna carrera. El 94, luego el 67, el 48, el 40, el 34, el 29. ¡Me lo estaba creyendo! A la postre, el ser 3º de Máster 50 y poder subir a un podio, por méritos propios, por mi carrera, y no por los pocos competidores que hubiera en mi grupo de edad, me llena de satisfacción. 


No sé si será un canto de cisne, previo a una gran lesión, o a una retirada de este último vicio mío por el ultratrail. 10 ultras en 8 meses, acumulando 1.060 km son muchos ultras. Tampoco viene mal un pequeño reconocimiento, de que "puede más quien quiere que quien puede". Hacía sólo 10 días estaba gordako y no podía tirar de mi trasero en las cuestas del Patriarca. En esos 10 días, he tenido que desprenderme de 6 kilos de peso para poder afrontar este ultra y quitarle una sobrecarga inútil a mis rodillas y a mis metatarsos.

Y es que, todos, funcionamos a base de "sentimientos". Lo de "ironman", se queda sólo, en una etiqueta... Y yo, me he dado cuenta, que sentirse gato, 
TAMPOCO ESTÁ TAN MAL.

JUANMA PEDROSA.


En nada parecido a un gato, pero kon todo su instinto felino.


       ULTRATRAIL BOSQUES DEL SUR. Sábado 27/9/14 9:00 Cazorla. 125 km.
       JuanMa Pedrosa, 18:48:49. C-M50M 3º (Podio) Pr: 9'01/k Gral: 28. GralM: 26
       JuanMa Toledo, 24:49:57. C-VetM 48º  Pr:11'55"/k Gral: 107. GralM: 103
       JuanJo Gallego, 24:50:05. C-VetM 49º Pr:11'55"/k Gral: 108. GralM: 104

No hay comentarios:

Publicar un comentario